jueves, 10 de febrero de 2011

Y desde ese día sus juegos favoritos, era amarse el uno al otro. Y su Octava maravilla era contemplar la profundidad que tenían sus ojos.
Los labios al tocar la piel, tanto como tocar el fuego, podrían llegar a quemar por dentro, y hacer que sus almas palpitaran atropelladamente.
¿Qué tienen de especial? Todo ¿Qué tienen para que uno por el otro se vuelvan locos? Solo ellos lo saben.